Narraciones Sueltas

Para continuar liberando palabras, textos y hasta las mismas letras, acá iremos volcando algunos textos que comenzaron su camino de libertad en el Caleidoskopio.

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La Letra Interior II

Amiga; ya han pasado meses desde  aquella triste cena en la que casi no podías tragar. Después de esa cena hasta hoy hubo muchas otras. Sin embargo ese noche fue un antes y un después para vos y en consecuencia también fue un antes y un después para mí.

Recorro estos meses en mi mente y  mi alma se llena de sensaciones extrañas. Ya no amargas. Extrañas.

Meses  de espinas, de piedras, de ríos de lágrimas que hoy por suerte empiezan a quedar atrás.

Fue imprevistamente importante e imprescindible este tiempo. Fue necesario. Fue inevitable. Fue doloroso. Pero comienza a ser fue. Pareciera que la inmensa dicotomía que encierra esa frase “comienza a ser fue” es aliviadora del espíritu.

Cuánto hemos aprendido juntas…. Mucho. Hoy nuevamente te encuentro de pie  y me siento más  tranquila y feliz por eso.

Cuando caíste me asustaste. Me sorprendiste. Me paralizaste. Te caíste desde lo alto. Te empujaron a caer de repente. Nunca pensé que justamente vos podrías caer. Qué ilusa… ¿Por qué te creí tan inquebrantable? Por suerte me equivoqué en la creencia. Hoy volvés a renacer, a rearmarte, a revivir. Hoy sos más grande por eso. Hoy yo soy más grande por eso.

Sentiste quedarte sin nada. Sin sueños, sin ilusiones y a pesar de ese vacío tuviste la fuerza de voluntad necesaria para volver a empezar. Hoy estamos acá, nuevamente proyectando. ¿Cómo pudimos dudar que volveríamos a proyectar? Fuimos débiles. Valió la pena. Ya no importa. Fuimos. Hoy no.

Amiga querida, tan yo como si fuera yo. No perdiste tu confianza. No robaron tu capacidad de amar, de mirar, de perdonar. Tal vez esa capacidad sea la inquebrantable y tal vez esa capacidad sea  lo que dejes como ejemplo para alguien en este mundo.

… nosotras que siempre nos estamos preguntando qué es lo que quedará de nuestra existencia…

Paula D’Onofrio

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 La Letra Interior

No hay vez que no se siente a escribir sin estar en el medio de un caos.

Cuando pinta, cuando juega a tocar la guitarra o cuando amasa con arcilla una vasija que nunca llega a ser lo que espera, no le pasa lo mismo. Son cosas que hace por placer, por distracción, por descarga o por el sólo hecho de ocupar su tiempo y energía en actividades que para ella valen la pena.

Pero escribir… aún no entiende porque lo hace en momentos de crisis. Yo supongo que tal vez la hoja en blanco de su computadora es indispensable cuando intenta entender, entenderse, entendernos.

Supongo también que el hecho de volcar palabras sueltas la ayuda a aceptar cuando está en medio de una y a asumir que esa crisis implica cambios y que los cambios asustan. A entender que muchas veces esa crisis es un dolor y que el dolor duele y sangra. Trato yo de consolarla recordándole que lamentablemente esas son sensaciones inevitables para crecer.

Tenía mucha razón Sábato (por algo era Sábato) cuando en su testamento nos recordó a nosotros los jóvenes; “…No hay nadie que haya jamás escrito, pintado, esculpido, modelado, a no ser para salir de su infierno…”.

Pocas veces ella ha compartido sus líneas. Suele hacerlo conmigo, soy su mayor confidente y trato de no juzgarla, aunque a veces ni siquiera confía en mí. Creo que se debe a su propia inseguridad. Al sentir que no lo hace bien. Piensa que no tiene una manera académica de narrar, que no es ordenada en sus ideas. Que sus renglones muchas veces son desprolijos. Que no sabe dónde poner los puntos y las comas. Tal vez tenga un poco de razón pero yo siempre trato de alentarla explicándole que lo único importante es que pueda trasmitir su sentir. Ese sentir que puede ser parecido al de muchos o tal vez único… quién sabe?. Ese sentir que muchas veces no se condice con sus pensamientos, con sus actos. Ese sentir que seguramente por miedo, por estúpida vergüenza o simplemente por instinto de conservación no le puede decir a nadie mirando a los ojos.

Ella y yo muchas veces pasamos horas meditando, reflexionando, inventando sobre que quedará de nosotras y de nuestra existencia humana. A veces coincidimos en que, lo que quedará, es la memoria de los hechos, lo que deja huella de enseñanza y valor marcado a fuego.

Coincidimos en que seguramente no dejaremos casas ni palacios que duren para siempre, pero tal vez podremos dejar algo en la forma de construirlos. No dejaremos penas, desvelos, risas, alegrías, sino obras, resultados, hijos, familia, descendencia. Tal vez si. Tal vez no.

Todo tiempo pasa, le recuerdo yo. El tiempo en el que quizás estés sufriendo, llorando o esperando. Debes saber que pasará, le repito. Así como ha pasado la alegría pasará la angustia. Todos son ciclos de un ciclo de vida que estamos cumpliendo (tal vez me auto convenzo también de eso, pero no voy a confesárselo nunca porque no quiero entristecerla aún más y ella siempre me escucha atentamente).

No se puede vivir buscando respuestas. Le digo. Ella me presta mucha atención. Nadie podrá decirte lo que sólo Dios sabe. Lo bueno y lo malo son las caras de una misma moneda que se va moviendo en tu corazón con el único objetivo de evolucionar tu espíritu y fortalecer tu alma.

Le aconsejo: acepta tu prueba, aprende y nunca olvides que sólo nos lastiman y nos hacen sufrir aquellos que más amamos y aquellos que más nos aman. Si no existiera ese amor no tendrías dolor y estarías vacía. Es injusto pero es.

Paula D’Onofrio

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Amor Fasito / Segunda Calada (2 de 20)

– “Me gustaría que me recuerden como un tipo bueno, un poco pelotudo y bastante cagón pero bueno. Tengo algunos vicios, una esposa que creo que me quiere y más dudas que la mierda misma. Detesto lo que hago, pero no se hacer otra cosa así que mientras la chupo de 9 a 18, de lunes a viernes, sueño que algún día de estos me voy a sacar la grande y mandar a todos bien, pero bien a la concha de su madre”.

Horacio Bustamante. 38 años, panza prominente y poco futuro. Uno después de cada comida y uno antes de irse a dormir.
Diez y media de la mañana, momento justo para bajar a fumar el primero y verla. Cambiemos el orden de las prioridades porque verla es mucho más importante que llenar los pulmones de humo. Para él y para el resto de los machos poco dominantes, las chicas primero, el fútbol también primero y después las demás obligaciones. No careteen que es así. Bueno, seguimos. Cerró en dos CTRL+Q lo que estaba haciendo, buscó su saco en el perchero colectivo, ese donde los días de lluvia cuelgan todos la ropa y emana un olor a papa recién cultivada insoportable y, con la mejor cara de afeitado a las 8 de la mañana sin after shave, le dijo al compañero de escritorio: “bajo a un pucho y subo en cinco”. El colega sin levantar la vista de la computadora, ni una ceja, ni un dedo del teclado, dijo que todo bien como solía decir todos los días. ¿Qué iba a decir si no era el jefe? Aparte que fume o no fume no le cambiaba en lo más mínimo su día. Ellos eran compañeros pero cada uno hacía su parte. Nadie le controlaba a él sus meadas o sus excesivos viajes al bidón de agua para ver en qué andaba el jefe y poder hacer sus trabajitos personales con tranquilidad. El compañero tenía un negocito de ropa para bebés con su señora y aprovechaba los huecos en el laburo y el teléfono de la oficina para arreglar con los proveedores. Nuestro amigo lo sabía o al menos lo intuía, pero le chupaban bien un huevo las “quintitas” que se desarrollaban dentro de la oficina.

Volvamos a él que es un poco más interesante. Caminó hasta el ascensor, arreglándose el cuello de la camisa y comprobando que el encendedor esté donde tiene que estar: en el bolsillo izquierdo arriba, pegado al corazón. Miró para los dos lados esperando que llegue el ascensor y pudo notar que la recepcionista se había echo algo en el pelo. No sabía bien qué pero le quedaba horrible. Es cierto que no era la más agraciada del mundo, pero ese nuevo look parecía recomendado por su enemigo. Hasta él, que no era ningún experto en materia femenina, se podía dar cuenta que ahora aparentaba muchos más años de los que tenía y si encima le sumamos que hace varias temporadas que está sola, mucho peor. Era una de esas personas que en su afán de acercarse a alguien sólo logran alejarse más. Esas personas cuya desesperación, se huele a kilómetros. Pero bueno, había llegado el ascensor y todo el tiempo que le había dedicado a la recepcionista ya era mucho. Que se joda, que se meta en un chat y que busque un descocido por ahí. Siempre aparece algún hambriento dispuesto a clavarse un menú de oferta. Alguno con mocasines y saco arremangado que la abrace esas noches de invierno de cafecito, película mala y manta.

Llegó a planta baja mirando fijamente su lugar de encuentro, su nicho de amor no correspondido. Ahí donde cada uno tiene 4 ó 5 baldosas por las cuales transitar en medio del nerviosismo y el olor a tabaco. Donde dos o tres veces al día su corazón late más fuerte y despeinado. Donde la mente va mucho más rápido que la boca y donde las palabras suelen repetirse casi en automático sin que ninguno de los dos lo note o lo valore.
Ella no había llegado aún, pero bueno solía ser así. Con ella y con todas; la mujer por naturaleza sabe retrasarse lo suficiente como para que el hombre se de cuenta y putee; sino no es mujer, es un hermafrodita con tetas y concha que en la primera de cambio te asesina mientras dormís, así que atentos si alguna vez encuentran una de esas que llega a horario.

A lo lejos podía verse a los de sistemas fumando como chimeneas y hablando de cualquier pelotudez. Como siempre, en su mundo. Ellos no jodían, ni jodieron nunca así que bueno no había razón para putearlos tanto. Con un simple gesto de cabeza saludó a la distancia y esperó. Solo. Solito y solo.

38 segundos después que parecieron una  eternidad ella apareció. Y también apareció él. Nuestra amiga arribaba al encuentro acompañada, clavándole un puñal en lo más hondo del pito. ¿Pero desde cuándo estaba permitido eso de venir con otro? Y sin avisar. ¿Estamos todos locos?  Llega un pibe nuevo que quiere comprar baldosas y ella no le dice que el lote está todo vendido.

Su cara de orto estaba a punto de tocar el piso cuando ella lo avanzó con un simple – ¿Qué tal todo?.  – Como que ¿qué tal?…como el culo de tal. – ¿Y encima me lo preguntás? Llegaba con un 4 de copas a su propia partida y quería que lo reciba como un gallo campeón. – ¿Estamos todos locos? 12 segundos tardó ella en presentarlo como el nuevo compañero de trabajo, que venía a reemplazar a una que se había embarazado y esto y lo otro y lo de más allá. Todas giladas. A él lo que más le rompía las pelotas era que no le hayan avisado y sobre todo que metan gente en su mundo. Estaba descolocado.

Los tres se encendieron un cigarrillo y poco se dijeron. Hablaron mal de un jefe, acotaron algo del fin de semana que venía y de lo choto que estaba todo en el país. Terminaron cada uno de fumar y a otra cosa. Él, molesto por la traición y tratando de hacérselo notar se apuró a terminarlo. Lo apagó en el malvón de siempre y salió para arriba con su mejor cara de culo. Caminó más lento de lo normal esperando que ella lo detuviera, que le diga que no se enojara o que simplemente le desee un buen día como a veces lo hacía, pero no pasó nada de eso. Sólo se escuchó el ruido de una moto que pasaba  y las voces de los de administración que seguían hablando de fútbol como cuando bajó.

Tomó el ascensor escuchando las voces de la nueva pareja de moda. Encima eso, él con el ánimo por el suelo y ellos como si nada. Traidores. Ratas petulantes adictas a la rutina.

Tenía que pensar muchas cosas antes de completar el archivo ese de mierda que tanto le pedía el jefe con urgencia, así que enfiló directamente hacia el baño. Una meada y una lavada de cara ayudarían a clarificar lo que acababa de pasar. Pero ¿qué era lo que acaba de pasar? Nada y mucho. Ella había traicionado su espacio trayendo un tercero sin preguntar ni decir nada. Ese tiempo-espacio-lugar era de ellos dos y nada más que de ellos dos. Nunca se pensó ni charló sobre nadie más porque no había espacio para nadie más.

Salió del baño con cara de “a este qué le pasa” y fue caminando lentamente hasta su escritorio. Miró el teléfono ininterrumpidamente mientras ordenaba unos escritos esperando que ella llame y apretó el “enviar y recibir” del correo 8 veces en menos de un minuto. No pasó un carajo, ni iba a pasar. Ella jamás lo había llamado y solo le mandaba mails para juntar la plata para los regalos de los compañeros de oficina. Así que iba a ser raro que se contacte hoy. No lo hizo.
Tardó poco en darse cuenta que lo que realmente necesitaba en ese momento era fumarse otro. Agarró nuevamente el abrigo y sin decir nada bajó. Esta vez se ubicaría donde los de administración. Ella obviamente no estaba, pero tampoco sabía si quería verla. Fumó, aspiró, tosió y pensó. Sobretodo pensó.

Juan Cenóz (desde Madrid)

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Amor Fasito / Primera calada
Todas las mañanas se reunían en la puerta de la oficina a cumplir el ritual: transformar unos pocos minutos de humo en algo que los mantenga vivo. Las conversaciones eran siempre las mismas: el clima, lo mucho/poco que falta para llegar al fin de semana o de algún compañero que rompía las pelotas. No salían de ahí jamás, ni querían hacerlo. Allí se sentían cómodos y displicentes.  Muchas veces el tiempo alcanzaba para tocar dos de los cuatro temas en un pucho y esos días eran la gloria para él; sobretodo para él.

Siempre era el mismo ejercicio de seducción berreta donde ella comenzaba su charla pidiéndole fuego, y él hacía el gesto de que no lo encontraba sabiendo perfectamente donde lo tenía guardado: el bolsillo superior de su camisa impecablemente planchada, allí justo pegado al corazón. Todos los días mecánicamente repetían gestos, palabras y silencios.

Si llovía no estaba tan bueno verse. Cambiaban su jardín secreto y se trasladaban al balcón de una casa vecina donde, al mejor estilo autobús, se refugiaban todos los fumadores de la empresa en menos de 4 metros cuadrados.  Ellos intentaban abstraerse del resto y no hablar, pero un simple “que día de mierda” del de al lado, finiquitaba su encuentro y debían postergarlo para después de comer o para el día después. Lo íntimo se hacía público. La carroza se transformaba en sorete.

Pero bueno los días de lluvia suelen ser menos que los de no lluvia y la posibilidad de estar a solas eran más que frecuentes. Por las dudas, cada uno al desayunar escuchaba el pronóstico meteorológico. De eso y del tráfico dependía el arrancar bien la jornada.

Pero bueno, volvamos al trabajo o mejor dicho a la planta baja del edificio de oficinas que allí se encuentran nuestros dos queridos fumadores malditos, y junto a ellos dos un halo mezcla de hormonas, olor a pucho, histeria y colonia.

Él solía encender el cigarrillo pensando para sus adentros: – yo estoy mucho más caliente que el encendedor, ¿No te das cuenta?.
Ella claro que se daba cuenta y claro que lo sabía. Le encantaba tenerlo en la palma de la mano para maniobrarlo a su piaccere. Pero también era consiente de que el compi de laburo estaba casado, y la mochila de problemas que podían venirle en el combo no le cerraba para nada. Ya había tenido una experiencia parecida con un tipo casado que a la primera de cambio le dio vuelta la cara, le cortó toda vía de comunicación y la dejó con su ilusión y su reproductor de DVD recién comprado, destrozada en mil partes.

Así que el rol este que había adoptado le gustaba, le divertía y a la vez le chupaba un poco un huevo. Su idea era calentarlo un poco, subirse el ego y nada más.

Esta relación fantasmagórica le excitaba, le hacía sentir la más linda de todas la empresa o lo que es mucho más importante para una treintañera, la más deseada.  Así que la muy turra se pintaba bien los labios de rojos antes de bajar a fumar y en el trayecto del ascensor hasta la planta baja revisaba todo su atuendo en el espejo como si este fuese un scanner. Nada de lo que llevaba puesto era casualidad. Inclusive en invierno, donde las temperaturas atentaban contra cualquier escote, ella se las arreglaba vía medias, tacos o algún que otro botón desabrochado, para que el muchacho pierda la mirada en repetidas ocasiones. Ustedes dirán, qué flor de puta, pero nada de eso…ella no cobraba, lo hacía por gusto nomás. Qué flor de puta.
Él no lo sabía pero cuando le tocaba tomarse vacaciones ella bajaba igual, trayendo su propio mechero y la ropa menos acomodada. Era un trámite que el cuerpo le obligaba a pasar cada 3 horas. La nicotina a diferencia de los varones, podía con ella. Abajo siempre encontraba alguien para comentar las noticias del día anterior, un programa de tele famoso o alguna pelotudez sobre la economía argentina. No era tan interesante como cuando estaba él, pero tampoco pasaba nada.
Nunca se planteó dejar de fumar, porque sabía que eso equivaldría a engordar un par de kilos y todavía estaba en edad de competirle a todas las de la oficina, el trono del mejor orto del lugar. Sino pregúntenle a la nueva recepcionista que quiso asomar el rabo y fue desterrada en dos segundos y medio. El grupo de las arpías de turno, con nuestra amiga a la cabeza, le colgaron el mote de “hueca” y nunca pudo salir de él. Con mucha tenacidad se encargaron de resaltar defectos tales como “celulitis en la pierna”, algún granito en la cara y una que otra media rota o corrida para que su “manzanita” no sea “la” manzanita de la oficina.

Como se habrán dado cuenta, nuestra amiga jugaba en todos los campeonatos posibles, y en todos pasaba de octavos sin casi transpirar. Las finales las dejamos más para adelante.

El que le ponía muchos más huevos a la relación que no era una relación, era la parte masculina de la historia. El muy huevón realmente creía que había algo fuerte entre los dos, un lazo que los unía y acercaba cada pitada más entonces cada vez que se tomaba vacaciones con su señora, le dedicaba unos cuantos pensamientos y varias pajas a su compañerita. Más de una vez, pensó en llevarle un virgencita de esas que predicen el clima o una caja de alfajores como demostración de lo que sentía por ella, pero la mujer iba a preguntar y era meterse en un problemas al pedo. Aparte los alfajores se iban a repartir en la oficina y los mala onda de contaduría terminarían comiendo “SU” regalo.

1 de 20. Primer fin.

Juan Cenóz

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Este texto lo encontró la estimable Rose Elder hace muchos años en un Registro Civil. Lo conservó y decidió compartirlo en el encuentro de Narradores Sueltos Nº 13.

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SABRÉ VIVIR     

Cuando encuentre mi lugar en el mundo

Cuando interponga mis sentimientos a cualquier cosa

Cuando no me sienta tan vulnerable

Cuando no esté tan cíclica…

Cuando me sobreponga a mis estados de ánimo

Cuando no esté pendiente de los demás, de lo que esperan de mí

Cuando mi mirada se centre dentro de mí

Cuando no tenga que desesperarme tanto por lo que todavía no tengo…

Cuando me pare con más firmeza sobre la tierra

Cuando pueda sentirme entera aún en los días grises y lluviosos

Cuando no sienta que se me va la vida en cada situación difícil que tenga que resolver

Cuando los enojos y la impotencia, el miedo y la inseguridad no me paralicen

Cuando pueda poner distancia óptima entre los demás y yo…

Cuando le pierda el miedo al miedo y le tenga paciencia al tiempo…

Cuando el futuro no me corra y pueda vivir cada año con más tranquilidad y menos tensión…

Cuando me permita fallar sin sentir que fracasé…

Cuando pueda ver a mis ídolos con un poco más de realidad

Cuando la ilusión no me modifique tanto si me desilusiona…

Cuando no necesite subir a las nubes seguido, y pueda tolerar un poco más las cosas que no me salen tan bien…

Cuando el estar super bien ya no sea una necesidad imperiosa para vivir…

Cuando pueda mirarme al espejo y ser más condescendiente si no me veo tan linda…

Seguramente podré estar en paz, dejaré de sentenciarme con tanta dureza,

Habré crecido, seré dueña de mí y mis cosas, me estaré queriendo… SABRÉ VIVIR MÁS FELIZ…

        Gladys Eldlicz (elegido por Rose Elder)

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En el encuentro Nº 5 se planteó una consigna a partir del debate acerca de la existencia (o no) de una diferencia en la forma de escribir de los hombres y las mujeres. Es decir, más allá de las diferencias propias entre las personas, la discusión giraba en torno a si puede hablarse de una literatura masculina y una literatura femenina. Surgió uno de los grandes temas: el Amor. Se escribió (o seleccionó) anónimamente, se repartieron los textos y se los leyó en el Caleidoskopio. Estos son algunos de ellos, y ya no tendrán que adivinar porque he identificado a los autores.

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Canción de Amor

 

José Antonio Labordeta (elegido y transcripto por Armando Camino)

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Micropartículas

Una nostalgia que cada quien lleva dentro,

aún sin haberse topado jamás con él…

La alegría de un abrazo borracho,

el cruce de las copas entre dos buenos amigos.

Besos apasionados que se roban en las esquinas del barrio donde alguna vez viví.

¿Qué es el amor? ¿Quién lo sabrá?

Presiento que ya no importa intentar descifrar su sentido oculto…

Puede que los humanos estemos lejos de llegar a comprender de qué se trata,

o infinitamente cerca de oírlo cuando late dentro nuestro.

Qué más da…

Un verano joven, una dulce espera,

el grito de un hincha encarnado en una reja…

La mirada de dos niños frente a una heladería,

una garúa con chocolate en el medio de Palermo.

Una noche noctámbula, un mensaje de texto, unas copas…sexo.

Los ojos de un abuelo que mira a su nieto tropezar sus primeros pasos,

la primera sopa del invierno…

Gestos, detalles, sensaciones…

micropartículas del amor.

Cecilia Francisquelo

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(IR)Repetible

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Matías Conte

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Desconcierto de Amor

Nacemos y nos desconcertamos…

El mundo al cual pertenecíamos, ya no es el mismo. La felicidad que era permanente, sólo empieza a suceder de a momentos. Nos alimentan y tal vez ahí, sintamos por primera vez “algo”. No entendemos muy bien qué “es”; pero encontramos que nos da mucho placer y el acto en sí, es del AMOR más blanco y puro.

Crecemos y nos desconcertamos…

Sin opción a elegir, ese blanco se tornasola de distintos colores y conociendo lo que era dulce naturalmente, descubrimos que también lo amargo existe. Así aprendemos que en la variedad, están los gustos. Ahora discernimos, que no todo es AMOR, pero que podemos encontrarlo.

Caminamos y nos desconcertamos…

Después de habernos arrastrado, de haber gateado, de haber andado en cuatro patas; damos nuestro primer paso. El universo tiene otra altura y en el afán de recorrerlo, es el AMOR por uno; que comienza a ser la zanahoria a encontrar.

Relacionándonos nos desconcertamos…

Somos analfabetos y avanzamos en cierto saber, haciendo. Nos tropezamos, desilusionándonos. Pero nos paramos y volvemos a intentar. A veces construimos muros, queriendo hacer puentes. Descubrimos a un otro y podemos aprender que son seres importantes, para que nosotros seamos. Que el AMOR nos guía para que nos encontremos.

Cambiamos y nos desconcertamos…

En el transcurrir nos vamos conociendo, sabiendo quiénes somos. Abrimos y cerramos una y otra ventana. Aprendemos a elegir. Sabiendo que cambiando podemos tener mejores corazones. Que el AMOR, está; no se busca. Se encuentra.

Amamos y nos desconcertamos…

Nos perdemos en unos ojos, en una mirada que nos habla. Las mariposas ciegas nos hacen ver sensaciones que nunca hemos vivido. Nos acariciamos, nos besamos, nos sentimos y somos dos en un uno, por un instante sublime. Nos encontramos y el AMOR, es.

Nacemos, crecemos, caminamos, nos relacionamos, cambiamos y amamos desconcertadamente. Porque el desconcierto hace el camino. En las distancias; esperamos y llegamos. Soñamos esperanzas y todo es un nuevo amanecer. Somos luz y brillamos tan sólo de respirar. “Desconcierto” es tener el “alma en suspenso”, dice el poeta. Y digo yo, entonces…

“DESCONCIERTO DE AMOR”, para los encontrados.

Vanina Aybar

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La Canción de la Mugre
Mi macho es ese que vés, ¡pinta brava!,
de andar candombe y de mirar tristón.
Su pañuelo oriyero lo dechava
y lo vende su funyi compadrón.
Milonguero, haragán y prepotente,
mancusa al verres y pasa a lo bacán.
Las horas divide entre el far niente,
la timba, la gayola y el gotán.
Ortivan los otarios de yuguiyo
que me insulta, me casca y cafichea.
¡Mejor! De ellos me tira su bolsiyo
y de mi macho, todo lo que sea.
Remanyado canchero en la avería,
su vida de malevo es un prontuario.
El me enseñó las dulces pijerías
para engrupir debute a los otarios.
El precio de mi cuerpo en los amores
le dá chele en su vicio, el escolazo,
y aplaca como nada los furores
que me anuncia casi siempre el cachetazo.
¡Ese es mi hombre! Canallezco, inmundo,
es mi vida, mi morfi, mi pasión.
No lo cambio por todo lo del mundo
sus biabas me las pide el corazón.
Carlos de la Púa (elegido por Hernán Gugliotella)

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El Amor de las Cerezas

Recuerdo esperar tu llegada como si fueras la única persona que contaba en el mundo, ansiaba poder abrazarte, volar hasta tu cuello y hundir mi cabeza en él. Tu olor… todavía me acompaña. Años después lo intuí en alguien más por despiste y del sobresalto se me cayeron las canicas.

Tu piel, morena, seca y suave, tu voz, tu risa, tus besos… ¿cuántos te quedaste sin darme? Hasta las discusiones que no tuvimos echa en falta mi recuerdo.

Lindo día el que te fuiste, lo recuerdo brillante, con esmalte satinado en los ojos. Apenas quedaban días de verano y en los confusos acontecimientos que inventé cuando ya no estabas, decidiste marcharte con el sol en alto, con un rastro de canicas rojas.

Horas después, cuando subida al chopo observaba el fulgente atardecer de nuestro último día juntos, no quise despedirme, tú ya te habías marchado. Yo no volvería a ser una princesa nunca más.

Te lloré, te esperé, me desesperé y me encerré; odie al mundo, a su creador y a todo lo que habitaba en él por no permitirme estar contigo.

Encontré la sinrazón de todo.

Tatué tu nombre en la madera y en la piedra y en aire del atardecer de los cerezos y en el agua que la sierra regala pasado el invierno. Una y mil veces. Entonces paré. Deshecha. Agotada. Vacía. Un corazón de polvo de cristal y unas alas de hada mojadas.

¿Te acuerdas? ¿Recuerdas qué oscuro era todo entonces? Denso, pesado, sin principio, asfixiante, profundo, oscuro, oscuro, oscuro.

Y en la oscuridad se me coló un sueño, ¿seguía soñando? No pude recordarlo pero tu voz se confundió ese soleado y frío día entre las hojas del chopo y tu risa se descongeló y bajo por la sierra, tus besos fueron dulces cerezas y el atardecer volvió a abrazarme. Y tu olor, fue tu olor quién secó mis atrofiadas alas.

Me enseñaste a querer de manera apasionada la vida, a través de las cosas más simples, a través de las personas genuinas, a través de la pasión en sí misma

¿Cómo agradecer semejante regalo?

Con  momentos robados a los sueños, abrazando amaneceres, volando sin mayor pretensión que ganarle al viento, bebiendo de los manantiales y regalando cerezas, docenas de cerezas, cientos de cerezas, miles de cerezas,…

Qué lujo haberme sabido querida por ti, qué gran suerte, qué honor, qué privilegio que sigas queriéndome cuando te nombro.

Aunque nunca vuelvas.

Aunque no pueda borrar tu nombre de las piedras.

Silvia Barona

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Miradas

Para mí era una día como cualquier otro hasta que los vi. Estaban ahí parados en una esquina de Buenos Aires. No pude dejar de detenerme y mirarlos, observarlos.

Sus miradas eran transparentes, profundas, parecían tener un mensaje. Así que paré mi caminar y me detuve para intentar descifrarlo.

Tuve la necesidad de ponerle una palabra a esa pureza que me transmitían esos ojos.

Fue como poner pausa a una escena de una película y no cansarme de ver esa imagen, ver esas miradas que hablaban sin hablar. En ese instante pensé el porqué me surgió buscar un significado que explique semejante hermosura. Quizás fue porque nunca vi tanta pureza en dos personas al mirarse,  transmitían algo tan intenso que llegue a pensar que eso era amor. Un amor sin palabras, sin la necesidad de palabra, un amor simplemente sencillo, tan sólo transmitido por la profundidad de sus ojos.

Esas miradas jamás me las olvidaré, fueron ellas las que transformaron mi día, en un día muy especial. Fue tal el deslumbramiento que tuve que continúe mi caminar observando más miradas, intentando encontrar nuevos amores por ahí.

Meru Rivadeneira

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Fragmento de CRAVE

Quiero dormir a tu lado y hacerte las compras y cargarte las bolsas y decirte cuánto me gusta estar con vos, quiero jugar a las escondidas y regalarte mi ropa y decirte cuánto me gustan tus zapatos y sentarme en el borde de la bañera mientras te das un baño y hacerte masajes en el cuello y darte besos en los pies y llevarte de la mano e irme con vos a cenar y que no me importe que comas de mi plato y hablar del día y tipearte las cartas y llevarte las cajas y reírme de tus paranoias y regalarte discos que nunca escucharás y ver películas buenísimas y ver películas pésimas y quejarme de la radio y sacarte fotos mientras dormís y levantarme antes para prepararte café con tostadas y salir con vos a tomar café en medio de la noche y contarte del programa que vi la noche anterior en la tele y acompañarte al oculista y no reírme de tus chistes y desearte por la mañana pero dejarte dormir un poco más y mientras darte besos en la espalda y acariciarte la piel y decirte cuánto me gusta tu pelo tus ojos tus labios tu cuello tu pecho tu culo y sentarme en la escalera hasta que vuelvas y preocuparme cuando llegás tarde y asombrarme cuando llegás temprano y regalarte girasoles e ir a tu fiesta y bailar toda la noche y estar triste cuando me equivoque y feliz cuando me perdones y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y decirte estás preciosa y abrazarte cuando estés ansiosa y abrazarte más cuando sufras y desearte sólo con olerte y gemir cuando esté a tu lado y gemir cuando no esté a tu lado y babear sobre tu pecho y envolverte toda la noche y sentir frío cuando me quites la manta y sentir calor cuando no lo hagas y derretirme cuando sonrías y desintegrarme cuando rías y no entender por qué creés que te estoy rechazando cuando no te estoy rechazando y preguntarme cómo podés pensar que yo sería capaz de rechazarte a vos y preguntarme quién sos pero aceptarte igual y contarte acerca del ángel del árbol del niño del bosque encantado que cruzó el océano porque te amaba y escribirte poemas y preguntarme porqué no me creés y tener un sentimiento tan profundo que no encuentra palabras y querer comprarte un gatito y sentir celos de él cuando reciba más atención que yo y retenerte en la cama cuando te tengas que ir y llorar como un bebé cuando finalmente te vayas y comprarte regalos que no quieras y llevármelos otra vez y pedirte que te cases conmigo y que me digas que no otra vez pero continuar pidiéndotelo porque aunque vos creas que no es en serio siempre fue en serio desde la primera vez y deambular por toda la ciudad pensando que sin vos está vacía y querer todo lo que querés y saber que con vos estoy a salvo y contarte de mí mismo lo peor e intentar darte lo mejor porque vos lo merecés y contestar tus preguntas cuando prefiera no hacerlo y decirte la verdad cuando en realidad no quiera e intentar ser honesto con vos porque vos lo preferís y pensar que todo se acabó pero aferrarme allí durante diez minutos más hasta que me eches fuera de tu vida y te olvides de quién soy e intentar acercarme a vos otra vez porque es hermoso aprender a conocerte y el esfuerzo vale la pena y hablarte mal en alemán y en peor hebreo y hacer el amor con vos a las tres de la madrugada y de algún modo, de algún modo, de algún modo poder comunicarte algo del arrasador  inmortal  irrefrenable incondicional omniabarcador enriquecealma abreconciencia  constante inagotable amor que siento por vos.

Sarah Kane (elegido por Magdalena Sarmiento)

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Llevo tu corazón

  

Llevo tu corazón conmigo

(lo llevo en mi corazón)

nunca estoy sin él

(tú vas dondequiera que yo voy, amada mía;

y todo lo que hago por mí

lo haces tú también, amada mía).

No temo al destino

(pues tú eres mi destino, )

no deseo ningún mundo

(pues tú eres mi mundo, mi verdad)

y tú eres todo lo que una luna siempre ha sido

y todo lo que un sol cantará siempre eres tú.

He aquí el más profundo secreto que nadie conoce

(he aquí la raíz de la raíz y el brote del brote

y el cielo del cielo de un árbol llamado vida;

que crece más alto de lo que un alma puede esperar

o una mente puede ocultar)

y éste es el prodigio que mantiene a las estrellas separadas.

Llevo tu corazón (lo llevo en mi corazón).

Edward Estlin Cummings (elegido por Inés Morán)

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Fácil, Difícil

 

Escribir sobre un sentimiento como el amor no me resulta nada sencillo, razones hay varias, tal vez una sea que yo lo considero como algo muy intenso y profundo que cuesta llevarlo a la palabra, simplemente se siente y salvo excepciones, la mayor de las veces que ese sentir es llevado a una definición, ésta suena fría y lejana de lo que el amor representa.  Las cartas de amor suelen ser manifestaciones claras de este sentimiento, dirigidas a un ser amado exponen con creces al que escribe sacándole caretas y mostrándolo en una entrega total. Así y todo este tipo de cartas cuando uno no es parte de quien la recibe o la da, suelen sonar cursis a un punto exasperante.

Convengamos que el te quiero es mucho más fácil, yo quiero a mi bandera, quiero comer ñoquis y a ustedes los quiero…Ahora, el te amo representa otras complicaciones, no amo a mi bandera, no amo comer ñoquis y a ustedes qué se yo, prefiero decirles que los quiero, para no confundir los tantos.

Así y todo di con una carta que consideré oportuna para la ocasión ya  que con la palabra escrita esta persona logra a mi gusto dar cuenta de este maravilloso sentimiento.

Vale mencionar que esta carta es escrita por una persona que está en prisión a su pareja que también se encuentra privada de la libertad. Ambos son anarquistas y el hecho ocurre en Italia en el año 1998. Omitiré nombres para no develar géneros.

“Cómo estás cariño­…yo hago mucha fuerza, mucha visualización. Nos visualizo a nosotros tres paseando por algún lado, y a nosotros dos nos veo juntos en aquella playa, desnudos, tan juntos. Logro sentir el perfume del mar, el sonido de las olas que golpean en las piedras, el viento suave ligero, el sol caliente en nuestra cara. Yo agarro tu cara con mis manos y después las paso por tu espalda. Vos me agarrás fuerte, me apretás, nos besamos, reímos, somos felices. Yo tengo mucha fe en las visualizaciones, creo que funciona, seguro que sí, esto sucederá, antes o después sucederá, el mar nos espera  y nosotros debemos tener mucha fuerza, paciencia, paz y todo lo demás, pero también memoria. Esto no lo olvidaré nunca más ni quiero olvidarlo y después te explicaré por qué. Me vienen a la cabeza tantos recuerdos bellos pero cuando llegan prefiero dejarlos dormir porque si no, lloro. Sólo quiero pensar en el futuro. Espero que este presente pase rápido, muy rápido, pero hay muchos recuerdos bellos, mi amor…Tanto amor tira abajo todas las paredes. Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiere oír que oiga…Fuerza, lucha, moral alta, dignidad, meditación…Y un día brillaremos mucho más.”

Espero que haya despertado en ustedes lo mismo que en mí, ya que en ese contenido escrito sentí reflejado el amor.

Por último cabría develar cuál es mi sexo y el de la persona que escribió la carta.

Gracias por la atención, los amo!…fácil escribirlo pero difícil decirlo.

Emilio Pita

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Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar (elegido por Magy Lutteral)

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Amandor

No fue algo repentino llegar a esa conclusión, pero sí el haber materializado la sentencia final.  Tomé aire, suspiré y la transformé en palabras: mi marido me engaña.

No se lo dije a nadie, me lo dije a mí misma. No me angustié, ni me alegré; simplemente lo confirmé y seguí con mis tareas domésticas.

No estaba segura de cómo actuar cuando él volviera del trabajo. No sabía si enojarme, apiadarme o nada más seguir con mis cosas. El enojo sería impostado, porque no llegaba a actuar en mí con el irrefrenable orgullo de quienes se saben engañados. No sentía celos tampoco, sólo había descubierto un rasgo de mi marido que antes sospechaba y ahora confirmaba. Pero la vida seguiría igual.

La realidad es que mi marido ama a otra persona, y luego de analizarlo profundamente, llegué a la conclusión de que no se puede pedir a alguien que deje de amar porque no es un sentimiento factibe de ser razonado. Tendré que aceptarlo: puede amarme a mí y a alguien más. No creo que sea tan grave.

Lo malo es que por estos tiempos, ese segundo amor (o primero, depende de dónde me ubique yo en su escala de valores), se ha vuelto más abierto, menos solapado, más intenso, menos disimulado. Y entonces a veces se va, me dice que se encuentra con sus amigos en horarios inverosímiles, y se va. Y quizás esté con sus amigos, pero estoy segura que está con su otro amor.

Muchas mujeres podrán opinar acerca de mi situación y de mi forma de encararla, dirán que tengo que romper las cadenas, que debo imponer mis derechos de mujer, o que me conviene dejarlo, sin más, sin explicaciones, sin notas, sin escrúpulos. Pero en verdad no puedo, y es posible que tampoco quiera; a pesar de que la situación llegó a tal extremo que puso en nuestro dormitorio una foto de su amante al lado de una nuestra en la playa. Es tan ridículo que omití hacer algún comentario, prefiero tratar de asumirlo como una realidad imposible de modificar. Es lo que hay, en definitiva, mi foto con él sigue ahí, al lado de la otra, que cada vez me parece más grande. Esa foto crece con los días, su cuerpo atlético flotando en el aire, saltando como una bailarina de ballet, invadiendo el dormitorio que antes era sólo de mi marido y mío. Ahora hay que compartirlo, nosotros en la playa y su amante llevando una pelota, en la gigantografía celeste y blanca, alabado y amado por mi marido. Mi marido, que me engaña con Diego Armando Maradona.

Martín D’Adamo

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Un Pasatiempo Peligroso

Supongamos que el amor no es lo que dicen,

Supongamos que no es lo que creímos sentir.

¿Y si supongo que está sobrevalorado?

¿Qué sucedería si no te puedo hacer sentir como en tus sueños creíste que te ibas a sentir?

¿Y si el amor es otra cosa? Oigo en mi mente todas esas voces…todas esas palabras; oigo en mi mente toda esta música y confunden mi corazón.

¿Y si el amor es otra cosa?

Supongamos que nunca te conozco…El amor es un pasatiempo peligroso.

¿Hay que seguir cantando todas esas canciones que hablan de amor?

¿Hay que seguir leyendo a aquellos que dicen conocerlo y describirlo en sus poemas y cuentos?

Supongamos que no soy nada de lo que imaginás y vos no sos nada de lo que espero…

Sin embargo esa palabra de cuatro letras cautiva mis pensamientos; sin embargo espero lo desconocido, emprendo un viaje con rumbo ignorado…

¿Qué eres Amor? ¿Para quién eres Amor?

Me pierdo…mis ansiedades se multiplican y resuena en mis pensamientos el saber que lo que no se espera…nunca llega.

Carolina Francescangeli

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Te quiero amar sin aferrarme
apreciarte sin juzgar
irme a tí sin invadirte
invitarte sin exigir
abandonarte sin culpa
examinarte sin culpar
y ayudarte sin insultar.
Si puedo recibir lo mismo de tí
entonces podremos encontrarnos
y enriquecernos de verdad

Virginia Satir (elegido por Elena Arocena)

2 responses to this post.

  1. Posted by ELENA on 27 noviembre, 2010 at 14:59

    TE QUIERO AMAR SIN AFERRARME
    APRECIARTE SIN JUZGAR
    UNIRME A TI SIN INVADIRTE
    INVITARTE SIN EXIGIR
    ABANDONARTE SIN CULPA
    EXAMINARTE SIN CULPAR
    Y AYUDARTE SIN INSULTAR
    SI PUEDO RECIBIR LO MISMO DE TI
    ENTONCES PODREMOS ENCONTRARNOS
    Y ENRIQUECERNOS DE VERDAD

    VIRGINIA SATIR

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